Ecuador y sus dos candidatas en la disputa por la ONU

La presencia de María Fernanda Espinosa y de Ivonne Baki en la carrera por la Secretaría General de la ONU marca un hito para Ecuador. Que dos mujeres de un mismo país se proyecten hacia el máximo cargo de la diplomacia multilateral revela la fuerza de sus trayectorias y la capacidad del país de generar liderazgos con alcance global.

Por: Silvana Larrea

La presencia de dos ecuatorianas en la escena internacional con aspiraciones al cargo más alto de la Organización de Naciones Unidas: María Fernanda Espinosa e Ivonne Baki, exponentes de trayectorias sólidas, colocan a Ecuador en el mapa de la diplomacia global en un papel protagónico.

¿Quiénes son?

Estas son las reseñas de los aspectos más relevantes que las hacen llegar a esta posibilidad internacional.

La experiencia multilateral

María Fernanda Espinosa ha construido una carrera marcada por la institucionalidad y el multilateralismo, con presencia además en la literatura y en el liderazgo ambiental.

Fue la primera mujer latinoamericana en presidir la Asamblea General de la ONU, en el período 73 de sesiones, experiencia que le otorgó una plataforma consolidar alianzas y ganar credibilidad entre los Estados miembros.

Su paso por la Cancillería, el Ministerio de Defensa y como Ministra Coordinadora del Patrimonio Natural y Cultural le ha permitido articular una visión integral de la política exterior.

En una entrevista reciente, Espinosa subrayó:

“La ONU necesita recuperar su capacidad de ser un espacio de encuentro y no de confrontación. El multilateralismo no es un lujo, es una necesidad para la supervivencia de la humanidad”.

Esa convicción, sumada a su formación académica en ciencias sociales y su liderazgo ambiental, refuerza su perfil como candidata que apuesta por revitalizar la organización desde dentro.

Conexiones estratégicas y visión pragmática

Ivonne Baki, de origen ecuatoriano-libanés, ha confirmado su postulación con el respaldo oficial del Gobierno del Líbano y con apoyo estratégico de Estados Unidos.

Su trayectoria diplomática incluye haber sido embajadora en Washington y París, además de ministra de Comercio Exterior. No ha estado alejada del arte, con su pintura, ni de la farándula internacional.

Su cercanía personal con líderes internacionales, como Donald Trump, le ha permitido posicionarse como articuladora de altos intereses nacionales.

Baki ha declarado querer transformar a la ONU en un “símbolo de paz y prevención de la guerra con acciones, no con reacciones”, propuesta para responder a las críticas sobre la lentitud y burocracia del organismo.

Su doble nacionalidad y sus redes en Medio Oriente y Occidente le otorgan un capital político que podría ser decisivo en un proceso donde las alianzas regionales son determinantes.

¿Qué necesitan?

Postular a la Secretaría General requiere del respaldo del Consejo de Seguridad y la aprobación de la Asamblea General. No necesita el apoyo del Gobierno del país de origen.

Espinosa deberá consolidar apoyos en América Latina y entre países que valoran su experiencia multilateral y multifacética, con contendoras dentro de la región.

Baki, en cambio, necesita ampliar su base más allá del Líbano y Estados Unidos, sumando a África y Asia, regiones que suelen inclinar la balanza.

Ambas deberán demostrar capacidad de consenso y presentar propuestas concretas para modernizar la ONU frente a la competencia de nuevos organismos.

Que los nombres de dos mujeres ecuatorianas suenen para esta elección es un hecho que trasciende la política nacional. Refleja la capacidad del país de proyectar liderazgos femeninos en la arena internacional y de posicionarse como referente en la construcción de un orden global más equilibrado.

Espinosa y Baki representan visiones distintas, pero encarnan el valor de la diplomacia ecuatoriana y la fuerza de las mujeres en un escenario en redefinición.

Crisis y desafíos

La elección dentro de la ONU se desarrolla en un contexto de crisis para la organización.

El sistema de cuotas, la incidencia desigual de los países miembros y la percepción de ineficacia en la resolución de conflictos han debilitado su legitimidad.

A ello se suma la creación de la Junta de Paz, impulsada por Trump junto a una veintena de países, inicialmente para supervisar el alto el fuego en Gaza y luego ampliada a otros conflictos.

Este nuevo organismo plantea un reto directo a la ONU, al ofrecer una alternativa más ágil y con respaldo de potencias económicas y militares.

El debate sobre el fin del multilateralismo tradicional y el ascenso de fórmulas híbridas, en que las grandes empresas tienen tanta o más incidencia que los Estados, coloca a la organización en una encrucijada histórica.

El mundo se reordena y la ONU enfrenta cuestionamientos estructurales y nuevas fórmulas de gobernanza, y la presencia de las dos candidatas supera lo simbólico con Ecuador en primera fila.