El camarón ecuatoriano se ha convertido en el principal motor de crecimiento de la economía nacional, desplazando al petróleo como eje estructural del comercio exterior y consolidando un modelo exportador liderado por el sector privado.

El camarón ecuatoriano desplazó al petróleo como principal producto de exportación y se ha convertido en el eje de un cambio estructural en la economía nacional. Con más de 8.400 millones de dólares exportados en 2025, Ecuador reafirma su liderazgo mundial en acuicultura y redefine su inserción en el comercio global.

Durante décadas, el petróleo fue el símbolo de la economía ecuatoriana y el sostén de las finanzas públicas, con Petroecuador como protagonista estatal. Sin embargo, el declive de la producción y la transición energética global han reducido su peso en la balanza comercial. En contraste, el camarón -un sector netamente privado- ha tomado la delantera para convertirse en el producto estrella y en el principal generador de divisas para el país.

Las cifras son contundentes: según el Banco Central del Ecuador, las exportaciones de camarón pasaron de 3.600 millones de dólares en 2020 a más de 8.400 millones en 2025, con un crecimiento acumulado superior al 130% en apenas cinco años.

Al cierre del año pasado, el petróleo todavía generó alrededor de 9.000 millones de dólares en ventas externas, lo que significa que en términos absolutos sigue siendo superior al camarón. Lo más importante es que el crudo muestra una curva descendente: menos volumen exportado, precios volátiles y una dependencia de la gestión estatal de Petroecuador.

El camarón, en cambio, exhibe una curva ascendente sostenida. En cinco años duplicó su valor exportado, diversificó mercados y se consolidó como el producto con mayor dinamismo. Desplaza al petróleo no aún en cifras absolutas (aunque está a punto de hacerlo), sino porque se convirtió en el nuevo motor de crecimiento, el sector que marca la pauta y que proyecta al país hacia el futuro.

Este salto se dio pese a coyunturas adversas como la pandemia y las restricciones logísticas en 2023 y 2024, cuando el sector enfrentó caídas temporales. La recuperación fue rápida y sostenida, consolidando al país como el mayor exportador mundial, por encima de India y Vietnam.

El ministro de Producción, Luis Alberto Jaramillo, ha subrayado que este cambio refleja la capacidad del sector privado para sostener el crecimiento y abrir nuevos mercados.

Un sector privado que redefine el país

El auge camaronero implica un cambio en la lógica de poder económico: el Estado pierde protagonismo como actor central y lo gana un sector privado que ha sabido diversificar mercados, invertir en innovación y posicionar al camarón ecuatoriano como sinónimo de calidad mundial. Los principales destinos son China, Estados Unidos y Europa, que concentran más del 70% de la demanda.

José Antonio Camposano, presidente de la Cámara Nacional de Acuacultura, lo expresó con orgullo:
“Este logro refleja el esfuerzo de miles de productores y exportadores que han convertido al camarón ecuatoriano en sinónimo de calidad mundial. El reto ahora es sostener este liderazgo con innovación y sostenibilidad”.

El camarón se proyecta como un producto con demanda creciente, capaz de generar empleo en las provincias costeras y de sostener un modelo exportador menos dependiente de los vaivenes geopolíticos.

Más allá de los números, un país que deja atrás la dependencia del crudo y se posiciona como potencia acuícola. El desafío ahora es doble: consolidar este liderazgo sin perder competitividad y garantizar que el auge privado se traduzca en beneficios sociales más amplios.

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